Frans Brügen dirige la Scottish Chamber
27/10/2007 |
Frans Brüggen (Ámsterdam, 1934) ha sido uno de los pioneros de la interpretación musical con instrumentos de época, con los que dio nueva vida a pentagramas del pasado, barrocos y clásicos, tratados habitualmente desde perspectivas falsamente románticas.
Un músico –flautista en sus comienzos– e investigador, más tarde director, que trabajó durante mucho tiempo con la Orquesta del Siglo de las Luces y con otras formaciones del mismo carácter. Por eso, reviste interés su presencia en el ciclo del Palau de la Música Catalana esta tarde, ya que se pone al frente de una orquesta moderna, la Scottish Chamber, un conjunto muy apañado, equilibrado en sus familias y provisto de una atractiva y a veces agreste sonoridad, que ha colaborado con otros directores de renombre, aunque quizá de menor rigor estilístico. Recientemente, por ejemplo, Charles Mackerras y Christian Zacharias.
El gesto comedido, conciso, seco, la adusta expresividad, el nervio rítmico, la finura en la calibración de texturas y contrapuntos, el prurito de autenticidad de Brüggen habrán de aplicarse para este concierto, con instrumentos actuales, a los que sabrá acentuar y articular de manera especial, a un programa muy tornasolado, situado entre dos luces que tienden hacia un dorado clasicismo y un romanticismo casi pleno.
En él figuran el Concierto para clarinete de Mozart –en el que actuará como solista Maximiliano Martín– y dos obras de Mendelssohn, alojadas en esa frontera a veces algo difusa que separa lo clásico de lo romántico: la obertura La bella Melusina, de infrecuente inserción en los programas, y la célebre Sinfonía nº 3, Escocesa, que evoca un viaje a las tierras de Hamburgo.
A. R.
El Cultural