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El día en que Montserrat Caballé se unió al coro de los ángeles

9/10/2018 |

 

El padre Ángel ofició una ceremonia estoica en su memoria, a la que asistieron la reina Sofía, Al Bano, Josep Carreras, 

“¿Tú sabes si el Cielo estará abierto para mí? Después de tantas Ave Marías como has cantado, seguro que te están esperando para que te unas al coro de los ángeles”. El padre Ángel ­­–presidente de la ONG Mensajeros de la Paz, oficiante de la ceremonia e íntimo de Montserrat Caballé­­– explicó esta anécdota de la soprano en conversación con el doctor Pedro Clarós. Y que los cuatro sacerdotes –lo acompañaban el padre Apeles y los dos adscritos al tanatorio de Les Corts– vestían de blanco seguros de que ella estaba ya en el Cielo.

La familia de la soprano, sentada frente al altar, asistía cabizbaja a la homilía del padre Ángel, en la que pudimos oír cuatro arias interpretadas con su voz inmortal. Montsita, su sobrina adorada, apenas pudo terminar el pasaje que leyó en su memoria. En primera fila y a la derecha, se agrupaban los políticos que quisieron estar en este último día.

En la fila de autoridades se encontraba la Reina Sofía, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el de la Generalitat, Quim Torra, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, el líder del PP, Pablo Casado, el ministro de Cultura, José Guirao, la consellera de Cultura, Laura Borràs, y la delegada del Gobierno, Teresa Cunillera.

En la sala grande del tanatorio, que se ha visto desbordada por la afluencia de personas, se encontraban también numerosas personalidades del mundo de la cultura, como los tenores Josep Carreras, Jaume Aragall y Josep Bros; el barítono Joan Pons; el editor Javier Godó, conde de Godó; el Padre Ángel, así como una amplia delegación del Gran Teatro del Liceu, encabezada por su presidente, Salvador Alemany, y la directora artística Christina Scheppelmann. También se han desplazado hasta el tanatorio de Les Corts los periodistas Luis del Olmo y Mercedes Milà, el director artístico del Teatro Real, Joan Matabosch, y el cantante italiano Al Bano. [Aquí la lista completa].

Todos hemos aprendido de ella. Fue una amiga entrañable que me apoyó mucho en su día; vivía los problemas de los demás y, en cuanto tenía ocasión, tendía la mano para ayudarles. Era como una hermana para mí, en su momento, llegó a cuidarme”

El personal del tanatorio pasó momentos difíciles ante el incontable número de personas que se quedaron fuera de una sala atestada. A la propia Mercedes Milà le fue negada la entrada por la puerta sur. Al terminar la ceremonia, pudimos hablar con algunos de los asistentes. El padre Ángel decía a La Vanguardia que recordaría siempre su “tremenda humanidad”. Especialmente emocionado estaba su colega de profesión Josep Carreras: “Ha sido la soprano más importante del siglo XX y si alguien se le acercó era María Callas. Única y extraordinaria, una artista increíble, versátil y con un amor y vocación por su profesión extraordinarias. Con su vestido de María Estuardo o Isabel de Inglaterra… Era majestuosa. Todos hemos aprendido de ella. Fue una amiga entrañable que me apoyó mucho en su día; vivía los problemas de los demás y, en cuanto tenía ocasión, tendía la mano para ayudarles. Era como una hermana para mí, en su momento, llegó a cuidarme”.

Carreras se felicitó por “una ceremonia perfecta” pero añadió la siguiente apostilla al dirigirse a la compañera de TV3: “Sin querer entrar en polémicas, he echado en falta algo más de catalán pero imagino que ha sido deseo de la familia y no hay nada que decir. Al contrario, tal como la han querido. Soy un privilegiado por haber podido estar aquí”.

Tuvo que triunfar en el Carnegie Hall de Nueva York para que aquí entendiésemos su importancia. Para mí, la más grande soprano del siglo XX. Era religiosa y no solo cantó repertorio religioso sino para los romanos pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI”

El sacerdote José Apeles, que viajó desde su nuevo hogar en Italia para asistir como auxiliar al padre Ángel, se enamoró de su figura cuando su madre, cantante aficionada, lo llevó al Liceu. “Con seis o siete años comencé a escucharla. Con el tiempo llegué a apreciarla en toda su categoría. Montserrat Caballé tuvo que triunfar en el Carnegie Hall de Nueva York para que aquí entendiésemos su importancia. Para mí, la más grande soprano del siglo XX; están Mirella Freni, Renata Tebaldi y María Callas, por supuesto, pero técnicamente, creo que fue la mejor. Por fin pude conocerla y tratarla. Con una sonrisa y una caricia transmitía mucha paz y afecto. Era religiosa y no solo cantó repertorio religioso sino para los romanos pontífices Juan Pablo II y Benedicto XVI”. Nos explica Apeles que, aun retirada de los escenarios seguía activa recibiendo en casa a alumnos llegados de todo el mundo a solicitarles una clase o un consejo.

Si Luis del Olmo elaborase un día una lista de halagos, el que le dedicó a Montserrat Caballé estaría en lo más alto: “Fue la oyente más importante de la historia de Protagonistas. La soprano más importante del siglo pasado y del próximo, una incondicional oyente del programa, no sé la cantidad de veces que asomó al micrófono y si tuviese que calificar por la categoría de los oyentes, fue la número 1 en los 40 años que estuve transmitiendo desde las distintas cadenas de radio. Era mi vecina, mi amiga y una hermana incondicional. Amaba Cataluña, España y a sus amigos, entre los que tengo la fortuna de contarme”. Del Olmo trabaja codo a codo con su hija, Montse Martí, un barítono y un pianista en una gira española sobre la obra de grandes poetas. “La recordaré a través de su hija”.

El cantante italiano Al Bano Carrisi, con quien trabajó en diversas ocasiones, fue muy poético: “Hoy es el triunfo de la tristeza. Es una gran pérdida, humana y artística, como sabemos todos quienes hemos tenido la suerte de encontrarla, conocerla y quererla. Ha sido un milagro de mujer y de artista, una montaña de humanidad. La música son siete notas y es la misma para el pop, el clásico o el rock, depende de cómo la tratas. Ella era una maestra absoluta que deja su semilla para quienes tienen alma. ¿Qué supone su pérdida para la música? Es como si a ti te arranco un brazo”.

Christina Scheppelmann, directora artística del Liceu, glosaba así su figura: “Una de las grandísimas cantantes del siglo XX y de las más grandes en absoluto. Fueron 50 años de carrera y su canto era de una belleza única: ha marcado la ópera, Barcelona y el Liceu. Como embajadora hizo muchísimo y la lírica no estaría donde está sin ella”.

El día anterior, su hija, Montserrat Martí y su sobrina, llamada también Montserrat Caballé, atendían a los periodistas congregados en el tanatorio de Les Corts. “Muchísimas gracias por todo el cariño de tantos años”, acertaba a pronunciar la primera. Fue su sobrina quien tomó las riendas: “Quiero agradecer en nombre de toda la familia todas las muestras de cariño no solo de personajes conocidos sino también de la gente de la calle, de las personas que la quería y admiraba, como artista como ser humano. Y como ser humano aún más importante que como artista. Era humilde. Por eso el velatorio ha sido tan sencillo, ella lo decidió así. Hace ya mucho tiempo que nos dijo que no quería estar expuesta en ningún lugar, que quería irse tal como vino y así ha sido. Las puertas mañana [por hoy] estarán abiertas para todos”. Montserrat explicó que se celebraría una misa más para atender a más admiradores y que el ministro de Cultura se había dirigido a la familia para comunicarles que se haría un homenaje oficial en los próximos días.

Ainhoa Arteta, soprano como ella, quiso despedirse así: “Yo soy muy cercana a Montsita, su hija, y a través de haber trabajado con ella pude darme cuenta de lo gran mujer y gran madre que era Montserrat Caballé. Todo lo que diga de ella como artista me quedaré corta; fue una gran reina mundial de la ópera y ha paseado el nombre de España como nadie, que ha sido muy respetado gracias a ella, también a otros, pero ella entre los más importantes. Era una mujer tremendamente exigente y profesional pero de una humildad increíble y de una humanidad todavía más grande. Su sonrisa y su carcajada resultaban contagiosas”.

ANDRÉS GUERRA
La Vanguardia

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