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Mendelssohn: El día en que resucitó a Bach

9/8/2017 |

 

Una tormenta de pasión como la que sintió Wagner por Mathilde Wesendonck, el amor platónico de Chaikovski por una millonaria, el capricho del azar que inspiró a Verdi el coro de 'Nabucco', la desesperación por la pérdida de los seres más queridos que se transmuta en energía creativa... La serie que hoy comienza tiene por primer protagonista a Felix Mendelssohn, a quien la tradición atribuye haber descubierto las partituras de Johann Sebastian Bach entre el papel de envolver de un carnicero

Reestreno de la 'Pasión según San Mateo', el 11 de marzo de 1829

Por sofisticados que nos creamos, nuestro cerebro siente predilección por los mitos y posee gran facilidad para retenerlos. Quien dice mitos dice construcciones poéticas, relatos populares o leyendas urbanas como la que se asocia a Mendelssohn. Según esa tradición, el joven prodigio musical acompañó un día a su madre al carnicero, en Leipzig, y descubrió que aquel infeliz envolvía las chuletas en papel pautado lleno de notas manuscritas.

En casa comprobó que se trataba de partituras de Bach. Mendelssohn se fue a ver al carnicero, quien le explicó que había encontrado muchos papeles como aquellos en una buhardilla que acababa de alquilar, y le compró el resto del lote antes de que fuera demasiado tarde. Así habría nacido el interés del músico por un compositor cuyas creaciones no habían sido interpretadas desde su muerte, casi 80 años antes en la misma Leipzig, y que él rescataría para la historia.

Nadie es capaz de datar cuándo tuvo lugar este hallazgo, pero otras fechas referidas a Mendelssohn están bien acreditadas. En 1821, con 12 años, su maestro Carl Friedrich Zelter lo llevó a ver a Goethe, gloria nacional alemana que lo puso a tocar al piano, a primera vista, obras desconocidas de Beethoven y otros músicos a los que había conocido. Desde 1817 llevaba recibiendo clases en Berlín de Zelter, una figura capital para entender su carrera posterior y también para observar, en el caso que nos ocupa, cómo el mito cede lentamente ante la realidad. Según Eric Werner, Zelter fue recomendado como profesor por la tía del pequeño Felix y destacada pianista Sarah Levy, antigua alumna de dos de los hijos de Bach.

Levy solía actuar junto a la orquesta de Zelter en la Singakademie de Berlín, de la que eran mecenas tanto ella como la familia Mendelssohn, y al parecer legó al centro una relevante colección de manuscritos de la familia Bach. El maestro de Felix empleaba como fundamento educativo El clave bien temperado y le trasmitió sus gustos musicales conservadores, continúa Werner; de ahí que muchas de las composiciones futuras de Mendelssohn denoten una claridad tonal y un uso del contrapunto que deben mucho a Bach.

J. M. Coetzee indica en Las manos de los maestros que Zelter era, además, amigo del padre de Felix, el banquero que se quejaba de que, a pesar de haber sido él quien había acumulado la fortuna familiar, todo el mundo le preguntaba si era el hijo del famoso filósofo (Moses Mendelssohn) o el padre del famoso músico. Zelter, sin embargo, no compartía el entusiasmo de su alumno por resucitar la música de Bach. En su opinión, las Pasiones sólo interesaban a los especialistas, de manera que Mendelssohn preparó por su cuenta una copia de la Pasión según San Mateo para realizar una adaptación.

El gran día fue el 11 de marzo de 1829. Pese a sus reticencias previas, Zelter se subió al barco: Mendelssohn dirigió la orquesta y él, los coros de la Singakademie en la primera interpretación de Bach desde 1750, lo que favoreció el redescubrimiento del gran maestro en Alemania, y luego en toda Europa, tanto como elevó la consideración de un Mendelssohn de apenas 20 años.

El relato romantizado entra de nuevo en acción al aseverar que el joven músico dirigió la Pasión de memoria porque alguien puso la partitura equivocada en el podio, alarde de maestría con una composición coral muy compleja que le sugeriría el célebre comentario: "Es el destino que sea yo, un judío, quien dé a conocer al mundo la obra más grande de la música cristiana".

Si la anécdota no es cierta, merecería serlo, aunque los hechos tienden a ser tozudos. El siempre incisivo Coetzee sostiene que incluso el constructo de que Bach estaba completamente olvidado a comienzos del XIX forma parte también de la leyenda pues, 20 años después de morir, un círculo de músicos tocaba regularmente su repertorio instrumental en Berlín; eso sí, "como una especie de recreación esotérica".El embajador austriaco en Prusia participó durante años en ese grupo y, de regreso a Viena, se llevó consigo las partituras de Bach. En torno a los conciertos en su residencia se gestó otro círculo por el que rondaban Haydn y Mozart, quien hizo copias de las obras y estudió con detalle El arte de la fuga. "Bach no era una recuperación, sencillamente porque la continuidad con la propia época del compositor nunca se había roto", señala el escritor.

Esfuerzos del bueno de Mendelssohn aparte, la operación Salvar a Bach distó de ser políticamente inocente. Para el mismo Coetzee, el nombre y la música del Kantor se integraron de forma consciente en la causa del nacionalismo alemán contra Napoleón y del consiguiente renacimiento protestante. "En justa reciprocidad, [éstos] lo elevaron a la categoría de clásico".

 

P. UNAMUNO
El Mundo

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