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CRÍTICA

Un «Peter Grimes» de referencia

5/2/2018 |

 

Programa: Peter Grimes, de Britten

Lloc i dia:Palau de les Arts de València

Un título como «Peter Grimes» no es de lo más adecuado para la taquilla, pero, si se ofrece en condiciones, seguro que eleva el nivel de un teatro y va educando a su público para que asuma que hay muchas más óperas que merecen la pena aparte de Verdi y Puccini. El Palau de las Arts ofrece una producción original de un regista tan consolidado como Willy Decker. Ya se sabe que estos genios son a veces irregulares. Así, la «Tetralogía» wagneriana que se repone en Dresde con Thielemann en el foso y que fue coproducida por el Teatro Real, no entra en lo mejor de su catálogo. Sí entra en él este «Peter Grimes» de concepción minimalista en sus decorados con apenas un fondo con un cielo marino tormentoso, un par de paredes móviles, un suelo muy inclinado y apenas muebles. Vestuario, iluminación y movimientos lo hacen todo. Decker explota la idea de un pueblo contra uno de sus vecinos a base de muy sugerentes composiciones grupales de enorme plasticidad. El manejo actoral del coro es ejemplar, aspecto clave en los buenos registas. La soledad y la rudeza atormentada de Peter, la inseguridad de Ellen, la murmuración de los pueblerinos... Todo ello está en Decker, quien desde el primer momento se define por la brutalidad del protagonista frente a sus posibles abusos sexuales. Britten siempre tuvo obsesión por la homosexualidad, la juventud y su papel de seductor o seducido. Decker obvia el tema y no plantea un «#MeToo» de carácter sexual. Una de las producciones de referencia en la historia de las puestas en escena. Hace veinte años se disfrutó en el Real. El Palau de las Arts tiene la suerte de poder seguir contando, a pesar de los recortes en plantilla, con una orquesta y un coro de primer nivel, algo fundamental en una ópera como ésta. Sonido de primer nivel, muy destacable en los interludios, si bien Christopher Franklin podría haber dirigido con una mayor incisividad los momentos de mayor dramatismo.

Gregory Kunde es un milagro vocal, casi equiparable al de Plácido Domingo. ¿Cómo un tenorino belcantista puede llegar a un Peter Grimes modélico? Y ¿cómo puede seguir abordando aún el Otello rossiniano? Todo ello tras, además, haber superado un cáncer. Jon Vickers fue un Grimes de referencia y Kunde, con un timbre mucho más lírico, no le va a la zaga a pesar de debutar el papel. Tiene a su favor unas sutilezas, unas medias voces, que pertenecen a su otro repertorio. ¡Qué estupendo artista! A su lado, un reparto competente. A la Ellen de Leah Partridge quizá le falte un punto de peso vocal en el centro y el grave, pero lo resuelve con soltura, y Robert Bork da vida a un convincente Balstrode. Ante un espectáculo así solo cabía la ovación sin reservas que otorgó el público.

 


Gonzalo Alonso
La Razón

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